Mujer y trabajo de cuidados

Todos y todas, hombres y mujeres, hemos sido socializados en un sistema de valores y creencias que legitima el dominio de unas personas sobre otras. Este sistema, al que llamamos Patriarcado, se nos ha instalado como un programa de ordenador, inconscientemente, y lo perpetuamos sin darnos cuenta, muchas veces en contradicción con nuestras ideas y razonamientos.

Por eso es tan importante crear espacios y foros donde se hable de esto, para que podamos deconstruir o desmontar pieza a pieza los estereotipos que reproducimos sin ser conscientes de ello.
El Patriarcado se asegura de que las personas integremos sus patrones de comportamiento, pensamiento e incluso emoción de tal modo que, a menudo, actuamos siguiendo “mandatos sociales y de género”, mientras creemos que lo hacemos porque “yo soy así”.

RESPECTO A LA CUESTIÓN DE LOS CUIDADOS
Algunos de los estereotipos más fuertemente instalados en nuestro inconsciente son los relacionados con el trabajo de cuidar, asignado tradicionalmente a las mujeres, pero sobre todo a partir de la revolución industrial con la separación de los espacios laboral y doméstico, y la atribución del espacio doméstico a la mujer en exclusiva.
Esto se justifica por una serie de supuestas “características femeninas”: amorosidad, ternura, dulzura, gusto por la limpieza, entrega, dar sin recibir nada a cambio… Mientras que a los hombres se les atribuyen otras características que han de desarrollar fuera de ese espacio doméstico, en el espacio público y laboral.
El mundo de los cuidados a hijos, pareja, padres mayores, personas enfermas, etc., un trabajo ingente que puede llegar a ocupar a una persona a tiempo completo, sin días de descanso semanal, sin vacaciones, sin derecho a enfermar… deja de considerarse trabajo puesto que no se percibe un sueldo, y por tanto no va asociado a derechos laborales como la cotización o las coberturas del sistema socio-económico. De hecho, las mujeres que se ocupan de todo esto, sólo tienen derechos por su vínculo con alguien que sí forma parte del mundo laboral.

SITUACIÓN ACTUAL
La tensión entre el tiempo necesario para realizar todo ese trabajo de cuidados y el tiempo de que actualmente disponemos las mujeres que, con todo el derecho del mundo, nos hemos incorporado al mercado laboral, ha provocado lo que se llama la “crisis de cuidados”.
¿Qué supone esto para las mujeres?
Unas renuncian a tener vida propia para poder atender a las necesidades familiares, y muchas de ellas terminan sufriendo el “Síndrome del cuidador”: enfermedades físicas y psicológicas, problemas laborales y económicos, aislamiento social…
Otras, las que pueden permitírselo, pagan a otras mujeres para que realicen esos cuidados por ellas, generalmente mujeres inmigrantes.
Hoy por hoy existe una gran cantidad de población femenina que trabaja cuidando de otras personas, en condiciones deplorables y sin ningún tipo de reconocimiento ni valoración. Ni siquiera aparecen en los censos de población activa cuando sin su trabajo el sistema no se podría sostener.

EL FUTURO
Cada vez se necesitan más personas cuidadoras, por el aumento espectacular de la esperanza de vida, que en muchos casos son años de vida sin salud.
También se necesitan personas que cuiden de los niños; hoy en día no se les puede dejar solos jugando en la calle como hace unos años.
Es cierto que los hombres, que tradicionalmente han sido educados para proteger, pero no para cuidar, se están incorporando al cuidado de los hijos pequeños y, en muchos casos, al cuidado de sus parejas enfermas, y lo están haciendo muy bien.
Pero ha de ser la sociedad entera la que se implique en un cambio de modelo en el que el cuidar se considere un “bien social” y dándole el valor que se merece.
Como dice el filósofo Bernardo Toro: Hemos de pasar del paradigma imperante en la actualidad, el del éxito (basado en la acumulación y el consumo sin límites) al paradigma del cuidado, un nuevo orden social más ético, absolutamente necesario para la supervivencia de la especie humana.

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